Jonathan está en casa, fregando los platos, cuando un repartidor le trae un paquete. Antoine, el repartidor, pide descaradamente un vaso de agua a Jonathan y entra en el apartamento, sin que éste le invite. Tras consumir el agua, como si no fuera suficiente, llega a pedir a Jonathan que le dé propina. Por desgracia, Jonathan sólo tiene su tarjeta de crédito. Así que, aunque sea tímido, tiene que pagar al repartidor en especie ofreciéndole su boca.